sexta-feira, 1 de junho de 2012


JORNADA DE ORAÇÃO PELA VIDA CONTEMPLATIVA
3 de Junho de 2012
Domingo da Santíssima Trindade
"... o forte desejo de entrar em união de vida com Deus, abandonando tudo o demais, tudo aquilo que impede esta comunhão e deixando-se aprisionar do imenso amor de Deus para viver só deste amor.
... vós haveis encontrado o tesouro escondido, a pérola de grande valor (cf. Mt 13, 44-46), haveis respondido com radicalidade ao convite de Jesus: "Se queres ser perfeito, vai, vende aquilo que possuis, dá-o aos pobres e terá um tesouro no céu, depois vem e segue-me!" (Mt 19, 21).
O monge, deixando tudo, por assim dizer "arrisca-se": expõe-se à solidão e ao silêncio para não viver de outra coisa que do essencial, e vivendo no essencial encontra uma profunda comunhão com os irmãos, com cada homem.
... vós que viveis num voluntário isolamento, estais na realidade no coração da Igreja, e fazeis circular nas suas veias o sangue puro da contemplação e do amor de Deus."
Bento XVI, «Celebração de Vésperas»
na Igreja da Cartuxa da Serra de São Bruno (9 de Outubro de 2011)

domingo, 13 de maio de 2012

Te damos gracias Señor
¡La Federación Santa María de Guadalupe está de fiesta!
En el día 7 de mayo puntualmente a las 5 de la tarde, celebramos con inmenso júbilo, la bendición de la Iglesia del Monasterio de Mairena de Aljarafe, nuestra querida Casa Federal. Congregadas por el Espíritu Santo, nos reunimos más de 50 hermanas en la alegría y amor fraterno para celebrar este día de gracia, llenas de gratitud al Señor, ¡que verdaderamente “ha estado grande con nosotras”!
La Eucaristía, presidida por el Señr Arzobispo de Sevilla, D. Juan JoséAsenjo Pelegrina, fue concelebrada por 22 sacerdotes, de entre los cuales hay que destacar el Vicario para la vida religiosa, el Vicario de zona, el pároco y el capellá del Monasterio. Pudimos contar con la presencia siempre cercana y fraterna de los hermanos menores, especialmente de fray Joaquí Domíguez Serna, nuestro Asistente, que ha hecho este recorrido apoyando desde el principio a la Comunidad de la Casa Federal.
La bellíima Iglesia del Monasterio estaba repleta, tanto que muchas personas tuvieran que quedarse fuera. Muchos amigos de la Comunidad, invitados y parroquianos de Mairena quisieron estar presentes, asícomo amigos venidos de la Dióesis de Méida-Badajoz.
En la preciosa homilía, D. Juan José nos explicó detalladamente la importancia de la bendició del ambó y del altar que habí hecho anteriormente. El ambó es la sede de la Palabra proclamada y meditada en cada Eucaristía o celebració. Es como una fuente de vida y encontro
con el Dios vivo que nos habla hoy, es escucha atenta a la voz del Señor. El altar es el ara del sacrificio incruento del Cordero Pascual por todos los hombres y mujeres. Allí, en cada Eucaristía, Cristo se hace verdaderamente presente en su Cuerpo y en su Sangre, y de donde, como manantial siempre desbordante, nos saciamos; es aliento y fortaleza cada día para las angustias y cansancios humanos, es viático en nuestra peregrinación terrena. El Señor Arzobispo invitaba a todos, no sólo a la Comunidad Conventual, sino también a los amigos del Monasterio y habitantes de Mairena, a saborear ratos de oración y adoración en el nuevo templo, participando además en las celebraciones y en la Eucaristía Dominical. Insistió en que este lugar fuese espacio de verdadero encuentro de las hermanas concepcionistas con el Esposo, D. Juan José, resaltó la constante llamada a la fidelidad que soló puede brotar del encuentro íntimo con Jesús Eucaristía.
Después de la preparación del altar, se celebró por primera vez la Eucaristía en la nueva Iglesia, donde pudimos rendir gracias ofreciendo el sacrificio de Cristo al Padre.
Las maravillosas flores con que estaba adornada la Iglesia nos hacían pensar en la misma belleza de Dios y la imagen de la Virgen Inmaculada mirando a sus hijas atraía nuestros ojos de manera especial.
No recibimos la bendición final sin antes escuchar las agradecidas palabras de la Madre Presidenta. Dirigiéndose a todos y agradeciendo la presencia de cada uno. Madre María de la Cruz resaltó el apoyo cercano del Padre Asistente, la eficiencia del Señor arquitecto y de su equipo, así como de los constructores y demás trabajadores que hicieron posible este acontecimiento; la ayuda de las hermanas que, de distintas formas han apoyado este recorrido de seis años. El esfuerzo y la constancia de todos permitieron celebrar este gran día para nuestra Federación.
Después de la Eucaristía fue ofrecido un pequeño ágape a los invitados y participantes de la inauguración de la Iglesia del Monasterio de la Purísima Concepción de Mairena del Aljarafe. Las hermanas de otras comunidades nos dirigimos en el refectorio donde teníamos ya preparado el banquete. ¡Gracias Señor por la comunión fraterna y por compartir este día de alegría y alabanza a tu bondad y amor infinitos!
Necesariamente subrayamos aquí la perseverancia y valentía de nuestra querida Madre Presidenta a lo largo de estos años de construcciones; si es posible tener hoy un Monasterio abierto a todas nosotras, una Iglesia lindísima donde alabar al Esposo que es de todas las hermanas de la Federación, lo debemos a los esfuerzos constantes de la Madre María de la Cruz.
¡Que el Señor sea alabado con nuestras vidas y con nuestro “Sí” diario!
soror Inês de la SSma.Trinidad
Monasterio de Campo Maior (Portugal)


quarta-feira, 9 de maio de 2012


Bendición de la Iglesia del Monasterio de Mairena del Aljarafe
El lunes 7 de mayo, mes pascual y popularmente dedicado a la Virgen, a las cinco de la tarde, en una solemne celebración eucarística, fue bendecida la Iglesia del Monasterio de la Purísima Concepción de Mairena del Aljarafe por el Sr. Arzobispo de Sevilla D. Juan José Asenjo Pelegrina. Presidió la Eucaristía acompañado de mas de una veintena de sacerdotes entre los que se encontraban el Asistente  de la Federación y Ministro Provincial  de la P. Bética Franciscana, Fr. Joaquín Domínguez, el Vicario para la Vida Consagrada D. Carlos Coloma, el Vicario de la zona oeste del Aljarafe, los Párrocos de las dos parroquias de Mairena, el Capellán del monasterio, sacerdotes de Mérida, otros sacerdotes conocidos de la Comunidad y hermanos franciscanos de las fraternidades de Sevilla y Espartinas.
Llegadas de varios monasterios de la Federación  Santa María de Guadalupe, acompañaron también a la Comunidad de la Casa federal, cerca de  cincuenta Hermanas Concepcionistas. Junto a todos ellos, el equipo que ha coordinado las obras,  el alcalde de Mairena, una representación de las hermandades, un grupo bien numeroso de amigos, vecinos y fieles de Mairena, Mérida y Carmona quienes llenaron el templo y el patio de entrada del monasterio. Una celebración que fue seguida con verdadera devoción y mucho silencio en cada uno de sus significativos ritos: La bendición  y  aspersión del agua, la liturgia de la Palabra y homilía del Sr. Arzobispo, la incensación de las naves de la Iglesia, la bendición propiamente dicha del altar y el ambón, y la presentación de las ofrendas en las  que un grupo de hermanas vistió la mesa del altar,  desnudo hasta ese momento, con el mantel, las velas y flores. Ofrecemos algunas fotos. Pulse la imagen para verlas.
Antes de finalizar al Madre Abadesa y Presidenta de al Federación Mª de la Cruz Alonso Paniagua, dio gracias a Dios, dador de todo bien, por la conclusión del proyecto, por el feliz y esperado acontecimiento que  vivía  la Comunidad tras la bendición del Monasterio seis años atrás. También tuvo palabras de agradecimiento para las hermanas los amigos presentes y  todos aquellos que habían colaborado más directamente en el proceso de construcción desde   que se colocara la primera piedra en enero del 2011, entre ellos D. Enrique Blanco, arquitecto,  y D. José Lozano, impulsor de esta realidad.  El Sr. Arzobispo felicitó a la Comunidad por ese grato acontecimiento  así como a todos los que habían colaborado en la preparación y desarrollo de la bendición.Concluyó con la lectura del acta de bendición y la firma de los testigos.
La celebración se prolongó en un salón a la entrada del monasterio donde la Comunidad ofreció refrescos, café y dulces a los participantes. Antes de despedirse el Sr. Arzobispo se fotografió con todas las hermanas en el interior del Monasterio. En torno a nuestra Madre, la Virgen Inmaculada disfrutamos de este día.


A comunidade monástica Concepcionista de Campo Maior fez-se representar pela Madre Maria Isabel da Santíssima Trindade (Abadessa), por sor Coração de Maria, sor Magda da Cruz e sor Inês da Santíssima Trindade.

quinta-feira, 26 de abril de 2012

Memória Litúrgia de Santa Beatriz da Silva e Meneses
passará a celebrar-se no dia 17 de Agosto de cada ano
Contrariando a indicação do papa Paulo VI, a quando da Canonização (3.Outubro.1976), o calendário Português celebra a memória litúrgica da fundadora da Ordem da Imaculada Conceição a 1 de Setembro.
Com vista a uniformizar a data com a Igreja Universal, que celebra a sua memória a 17 de Agosto, com o grande empenho do Arcebispo de Évora e da Comunidade Monástica das Concepcionistas de Campo Maior, a Conferência Episcopal Portuguesa, na Assembleia Plenária que decorreu entre 7 e 10 de Novembro de 2011: "...concordou que se proporá à Santa Sé a mudança da celebração litúrgica de Santa Beatriz da Silva, passando do dia 1 de setembro para 17 de agosto, conforme consta na Bula de Canonização da fundadora da Ordem da Imaculada Conceição (Concepcionistas)".
Por decreto da «Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum», com data de 22 de Fevereiro de 2012chegou recentemente ao Presidente de Conferência Episcopal Portuguesa, a autorização da transferência da memória liturgica de Santa Beatriz da Silva e Meneses do dia 1 de Setembro para o dia 17 de Agosto, no Calendário Próprio de Portugal. Pelo que, a Memória Litúrgia de Santa Beatriz da Silva e Meneses passará a celebrar-se no dia 17 de Agosto de cada ano.

segunda-feira, 23 de abril de 2012

Mensagem do Santo Padre para o
49º Dia Mundial de Oração pelas Vocações

Amados irmãos e irmãs!
O XLIX Dia Mundial de Oração pelas Vocações, que será celebrado no IV domingo de Páscoa – 29 de Abril de 2012 –, convida-nos a reflectir sobre o tema «As vocações, dom do amor de Deus».
A fonte de todo o dom perfeito é Deus, e Deus é Amor – Deus caritas est –; «quem permanece no amor permanece em Deus, e Deus nele» (1 Jo 4, 16). A Sagrada Escritura narra a história deste vínculo primordial de Deus com a humanidade, que antecede a própria criação. Ao escrever aos cristãos da cidade de Éfeso, São Paulo eleva um hino de gratidão e louvor ao Pai pela infinita benevolência com que predispõe, ao longo dos séculos, o cumprimento do seu desígnio universal de salvação, que é um desígnio de amor. No Filho Jesus, Ele «escolheu-nos – afirma o Apóstolo – antes da fundação do mundo, para sermos santos e irrepreensíveis em caridade na sua presença» (Ef 1, 4). Fomos amados por Deus, ainda «antes» de começarmos a existir! Movido exclusivamente pelo seu amor incondicional, «criou-nos do nada» (cf. 2 Mac 7, 28) para nos conduzir à plena comunhão consigo.
À vista da obra realizada por Deus na sua providência, o salmista exclama maravilhado: «Quando contemplo os céus, obra das vossas mãos, a Lua e as estrelas que Vós criastes, que é o homem para Vos lembrardes dele, o filho do homem para com ele Vos preocupardes?» (Sal 8, 4-5). Assim, a verdade profunda da nossa existência está contida neste mistério admirável: cada criatura, e particularmente cada pessoa humana, é fruto de um pensamento e de um acto de amor de Deus, amor imenso, fiel e eterno (cf. Jer 31, 3). É a descoberta deste facto que muda, verdadeira e profundamente, a nossa vida. Numa conhecida página das Confissões, Santo Agostinho exprime, com grande intensidade, a sua descoberta de Deus, beleza suprema e supremo amor, um Deus que sempre estivera com ele e ao qual, finalmente, abria a mente e o coração para ser transformado: «Tarde Vos amei, ó beleza tão antiga e tão nova, tarde Vos amei! Vós estáveis dentro de mim, mas eu estava fora, e fora de mim Vos procurava; com o meu espírito deformado, precipitava-me sobre as coisas formosas que criastes. Estáveis comigo e eu não estava convosco. Retinha-me longe de Vós aquilo que não existiria, se não existisse em Vós. Chamastes-me, clamastes e rompestes a minha surdez. Brilhastes, resplandecestes e dissipastes a minha cegueira. Exalastes sobre mim o vosso perfume: aspirei-o profundamente, e agora suspiro por Vós. Saboreei-Vos e agora tenho fome e sede de Vós. Tocastes-me e agora desejo ardentemente a vossa paz» (Confissões, X, 27-38). O santo de Hipona procura, através destas imagens, descrever o mistério inefável do encontro com Deus, com o seu amor que transforma a existência inteira.
Trata-se de um amor sem reservas que nos precede, sustenta e chama ao longo do caminho da vida e que tem a sua raiz na gratuidade absoluta de Deus. O meu antecessor, o Beato João Paulo II, afirmava – referindo-se ao ministério sacerdotal – que cada «gesto ministerial, enquanto leva a amar e a servir a Igreja, impele a amadurecer cada vez mais no amor e no serviço a Jesus Cristo Cabeça, Pastor e Esposo da Igreja, um amor que se configura sempre como resposta ao amor prévio, livre e gratuito de Deus em Cristo» (Exort. ap. Pastores dabo vobis, 25). De facto, cada vocação específica nasce da iniciativa de Deus, é dom do amor de Deus! É Ele que realiza o «primeiro passo», e não o faz por uma particular bondade que teria vislumbrado em nós, mas em virtude da presença do seu próprio amor «derramado nos nossos corações pelo Espírito Santo» (Rm 5, 5).
Em todo o tempo, na origem do chamamento divino está a iniciativa do amor infinito de Deus, que se manifesta plenamente em Jesus Cristo. «Com efeito – como escrevi na minha primeira Encíclica, Deus caritas est – existe uma múltipla visibilidade de Deus. Na história de amor que a Bíblia nos narra, Ele vem ao nosso encontro, procura conquistar-nos – até à Última Ceia, até ao Coração trespassado na cruz, até às aparições do Ressuscitado e às grandes obras pelas quais Ele, através da acção dos Apóstolos, guiou o caminho da Igreja nascente. Também na sucessiva história da Igreja, o Senhor não esteve ausente: incessantemente vem ao nosso encontro, através de pessoas nas quais Ele Se revela; através da sua Palavra, nos Sacramentos, especialmente na Eucaristia» (n.º 17).
O amor de Deus permanece para sempre; é fiel a si mesmo, à «promessa que jurou manter por mil gerações» (Sal 105, 8). Por isso é preciso anunciar de novo, especialmente às novas gerações, a beleza persuasiva deste amor divino, que precede e acompanha: este amor é a mola secreta, a causa que não falha, mesmo nas circunstâncias mais difíceis.
Amados irmãos e irmãs, é a este amor que devemos abrir a nossa vida; cada dia, Jesus Cristo chama-nos à perfeição do amor do Pai (cf. Mt 5, 48). Na realidade, a medida alta da vida cristã consiste em amar «como» Deus; trata-se de um amor que, no dom total de si, se manifesta fiel e fecundo. À prioresa do mosteiro de Segóvia, que fizera saber a São João da Cruz a pena que sentia pela dramática situação de suspensão em que ele então se encontrava, este santo responde convidando-a a agir como Deus: «A única coisa que deve pensar é que tudo é predisposto por Deus; e onde não há amor, semeie amor e recolherá amor» (Epistolário, 26).
Neste terreno de um coração em oblação, na abertura ao amor de Deus e como fruto deste amor, nascem e crescem todas as vocações. E é bebendo nesta fonte durante a oração, através duma familiaridade assídua com a Palavra e os Sacramentos, nomeadamente a Eucaristia, que é possível viver o amor ao próximo, em cujo rosto se aprende a vislumbrar o de Cristo Senhor (cf. Mt 25, 31-46). Para exprimir a ligação indivisível entre estes «dois amores» – o amor a Deus e o amor ao próximo – que brotam da mesma fonte divina e para ela se orientam, o Papa São Gregório Magno usa o exemplo da plantinha: «No terreno do nosso coração, [Deus] plantou primeiro a raiz do amor a Ele e depois, como ramagem, desenvolveu-se o amor fraterno» (Moralia in Job, VII, 24, 28: PL 75, 780D).
Estas duas expressões do único amor divino devem ser vividas, com particular vigor e pureza de coração, por aqueles que decidiram empreender um caminho de discernimento vocacional em ordem ao ministério sacerdotal e à vida consagrada; aquelas constituem o seu elemento qualificante. De facto, o amor a Deus, do qual os presbíteros e os religiosos se tornam imagens visíveis – embora sempre imperfeitas –, é a causa da resposta à vocação de especial consagração ao Senhor através da ordenação presbiteral ou da profissão dos conselhos evangélicos. O vigor da resposta de São Pedro ao divino Mestre – «Tu sabes que Te amo» (Jo 21, 15) – é o segredo duma existência doada e vivida em plenitude e, por isso, repleta de profunda alegria.
A outra expressão concreta do amor – o amor ao próximo, sobretudo às pessoas mais necessitadas e atribuladas – é o impulso decisivo que faz do sacerdote e da pessoa consagrada um gerador de comunhão entre as pessoas e um semeador de esperança. A relação dos consagrados, especialmente do sacerdote, com a comunidade cristã é vital e torna-se parte fundamental também do seu horizonte afectivo. A este propósito, o Santo Cura d’Ars gostava de repetir: «O padre não é padre para si mesmo; é-o para vós» [Le curé d’Ars. Sa pensée – Son cœur ( ed. Foi Vivante - 1966), p. 100].
Venerados Irmãos no episcopado, amados presbíteros, diáconos, consagrados e consagradas, catequistas, agentes pastorais e todos vós que estais empenhados no campo da educação das novas gerações, exorto-vos, com viva solicitude, a uma escuta atenta de quantos, no âmbito das comunidades paroquiais, associações e movimentos, sentem manifestar-se os sinais duma vocação para o sacerdócio ou para uma especial consagração. É importante que se criem, na Igreja, as condições favoráveis para poderem desabrochar muitos «sins», respostas generosas ao amoroso chamamento de Deus.
É tarefa da pastoral vocacional oferecer os pontos de orientação para um percurso frutuoso. Elemento central há-de ser o amor à Palavra de Deus, cultivando uma familiaridade crescente com a Sagrada Escritura e uma oração pessoal e comunitária devota e constante, para ser capaz de escutar o chamamento divino no meio de tantas vozes que inundam a vida diária. Mas o «centro vital» de todo o caminho vocacional seja sobretudo a Eucaristia: é aqui no sacrifício de Cristo, expressão perfeita de amor, que o amor de Deus nos toca; e é aqui que aprendemos incessantemente a viver a «medida alta» do amor de Deus. Palavra, oração e Eucaristia constituem o tesouro precioso para se compreender a beleza duma vida totalmente gasta pelo Reino.
Desejo que as Igrejas locais, nas suas várias componentes, se tornem «lugar» de vigilante discernimento e de verificação vocacional profunda, oferecendo aos jovens e às jovens um acompanhamento espiritual sábio e vigoroso. Deste modo, a própria comunidade cristã torna-se manifestação do amor de Deus, que guarda em si mesma cada vocação. Tal dinâmica, que corresponde às exigências do mandamento novo de Jesus, pode encontrar uma expressiva e singular realização nas famílias cristãs, cujo amor é expressão do amor de Cristo, que Se entregou a Si mesmo pela sua Igreja (cf. Ef 5, 25). Nas famílias, «comunidades de vida e de amor» (Gaudium et spes, 48), as novas gerações podem fazer uma experiência maravilhosa do amor de oblação. De facto, as famílias são não apenas o lugar privilegiado da formação humana e cristã, mas podem constituir também «o primeiro e o melhor seminário da vocação à vida consagrada pelo Reino de Deus» (Exort. ap. Familiaris consortio, 53), fazendo descobrir, mesmo no âmbito da família, a beleza e a importância do sacerdócio e da vida consagrada. Que os Pastores e todos os fiéis leigos colaborem entre si para que, na Igreja, se multipliquem estas «casas e escolas de comunhão» a exemplo da Sagrada Família de Nazaré, reflexo harmonioso na terra da vida da Santíssima Trindade.
Com estes votos, concedo de todo o coração a Bênção Apostólica a vós, veneráveis Irmãos no episcopado, aos sacerdotes, aos diáconos, aos religiosos, às religiosas e a todos os fiéis leigos, especialmente aos jovens e às jovens que, de coração dócil, se põem à escuta da voz de Deus, prontos a acolhê-la com uma adesão generosa e fiel.
Vaticano, 18 de Outubro de 2011.
BENEDICTUS PP XVI

sexta-feira, 13 de abril de 2012

Liturgia das Horas (1)
“A tradição monástica sabe do tempo certo, o tempo da misericórdia, o tempo agradável e tão desejado, em que Deus produz em nós o seu trabalho. Deste modo, os monges interrompem sempre o seu trabalho diário à hora das orações, a que chamam Horas. As Horas remetem para a hora em que Deus glorificou o seu Filho e em que também permite que o seu esplendor brilhe para os monges. A liturgia é o lugar em que o céu e a terra se tocam, em que o céu resplandece sobre os que rezam. […] as Horas são «anjos que encontramos em determinados momentos, no decurso do dia». Os anjos, […], são mensageiros de Deus, que vêm de uma outra dimensão e nos recordam que cada hora tem a sua própria qualidade, o seu próprio mistério. Tal como devemos escutar os anjos, o que eles têm para nos dizer, na qualidade de mensageiros de Deus, também devemos atentar nas Horas. […] O tempo de oração recorda-nos que cada «hora» é uma «hora-amada», um tempo amado, um tempo em que devemos receber o amor de Deus nas suas diferentes formas.”
Anselm Grun,
"Ao ritmo do tempo dos monges - sobre a relação com um bem valioso",
Paulinas Editora, Prior Velho, 2006,
pgs 23 e 24.

quinta-feira, 15 de março de 2012

Oração para pedir a Chuva
Deus, nosso Pai, Senhor do Céu e da Terra (Mt 11, 21)
Vós sois para nós existência, energia e vida (Act 17, 2).
Criastes o homem à Vossa imagem
(Gn 1, 27-28)
a fim de que com o seu trabalho ele faça frutificar
as riquezas da terra
colaborando assim na Vossa criação.
Temos consciência da nossa miséria e fraqueza:
nada podemos fazer sem Vós (Jo 15, 5).
Tu, Pai bondoso, que sobre todos fazes brilhar o sol (Mt 5, 45)
e fazes cair a chuva,
tem compaixão de todos os que sofrem duramente
pela seca que nos ameaça nestes dias.
Escuta com bondade as orações que Vos são dirigidas
com confiança pela Vossa Igreja (Lc 4, 25),
como satisfizestes com as súplicas do profeta Elias (1Rs 17, 1)
que intercedia em favor do Vosso povo (Tg 5, 17-18).
Fazei cair do céu sobre a terra árida
a chuva desejada
a fim de que renasçam os frutos (Tg 5, 18)
e sejam salvos homens e animais (Sl 35, 7).
Que a chuva seja para nós o sinal
da Vossa graça e da Vossa bênção:
assim, reconfortados pela Vossa misericórdia (Is 55, 10-11),
dar-Vos-emos graças por todos os dons da terra e do céu,
com os quais o Vosso Espírito satisfaz a nossa sede (Jo 7, 37-38).
Por Jesus Cristo, Vosso Filho, que nos revelou o Vosso amor,
fonte de água viva, que brota para a vida eterna (Jo 4, 14).
Ámen.
Oração do Papa Paulo VI, composta em 1976,
quando se abateu sobre o continente europeu um período de seca prolongada.

segunda-feira, 12 de março de 2012

Mosteiro de Santa Maria do Socorro
de Sevilha
Fundado em 1522, por Juana Ayala em casas já existentes perto da Igreja de São Marcos.