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quarta-feira, 14 de agosto de 2013


da Carta do Ministro Geral OFM
Frei Michael Antony Perry ofm
pela Festa de Santa Beatriz da Silva
Com a vossa vida orante e contemplativa, tendo carismaticamente Maria Imaculada como caminho de seguimento (cf. CCGG 12), sois chamadas a acompanhar e sustentar com a vossa fé a fé da Igreja. Numa “existência humilde” em presenças que, por meio do acolhimento amoroso, da palavra compadecida, de escuta compreensiva..., sede transparência do Senhor e canal de sua salvação. A “humilde existência” é a que melhor deixa transparecer e vislumbrar o mistério que a sustenta e a vivifica. Se vos converterdes em testemunhas viventes da beleza de vosso Esposo Jesus Cristo, vossa fé será reforçada e aumentada. 
Termino, recorrendo de novo às palavras da carta A Porta da Fé: “Durante este tempo [Ano da Fé], fixemos o olhar sobre Jesus Cristo, Aquele que dá origem à fé e a leva ao cumprimento (Hb 12,2). Nele encontra cumprimento todo o sofrer e desejo do coração humano”. O Senhor Jesus Cristo vos acompanhe e vos leve à plenitude vossa fé!

sábado, 13 de agosto de 2011

Carta del Padre Asistente
en la solemnidad de Santa Beatriz

Santa Beatriz 2011
V Centenario de la Regla de la Orden de la Inmaculada Concepción

A LA ATENCIÓN DE LA MADRE PRESIDENTA Y LAS HERMANAS DE LA FEDERACIÓN BÉTICA, SANTA MARÍA DE GUADALUPE, DE LA ORDEN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Mis queridas hermanas: Paz y bien en el Señor, en su Inmaculada Madre y Santa Beatriz.
Al llegar la fiesta de Santa Beatriz y en medio del Jubileo del V Centenario, según la costumbre, me hago presente para haceros llegar mis deseos de paz y compartir mi mensaje en esta fiesta jubilar.
En verdad el centenario ha dado sus frutos y han sido numerosas las iniciativas que han promovido los Monasterios, las Federaciones y la Confederación, además de los que aún quedan por celebrar hasta la clausura el día 17 de septiembre del presente año. Por todos ellos damos gracias al Padre y a la Virgen Inmaculada y por estos 500 años de fidelidad a un texto que ha servido de luz y guía para las generaciones de hermanas en el pasado, para las hermanas de hoy y, con la confianza puesta en el Señor, para las generaciones de mañana.
También han sido numeroso los textos o escritos que han surgido con motivo del Centenario, los cuales deben servir para alimento y nutrición de las hermanas en torno al bello texto de la Bula Ad statum prosperum. Quizás, este es el motivo principal por el que este año, me he decidido a hacer una PARÁFRASIS de la Regla. Una paráfrasis es un acomodación, ampliación o actualización de una texto. Es un modesto homenaje a la Regla y a la Orden y a todas las hermanas de la Federación.
Que su lectura se convierta en una recreación de la Regla y os anime a hacer a cada una vuestra propia y personal relectura.
Deseando toda paz y todo bien en el día de la Solemnidad de Santa Beatriz en el V Centenario de la aprobación de la Regla, os saluda y bendice en el nombre del Señor,
Fr. Joaquín Domínguez Serna, OFM
Assistente "Pro Minialibus" da Federação Bética da OIC

sábado, 21 de agosto de 2010

SANTA BEATRIZ 2010
Carta del Asistente de la Federación Bética
de las Hermanas Concepcionistas
Beatriz mantuvo su lámpara encendida en medio de dificultades e incertidumbres. Resulta complejo abarcar los 30 años de silencio, o de espera, o de inseguridad, hasta plasmar ese anhelado proyecto o sueño que ella había labrado en honor de la Virgen María sin mancha de pecado. Ese sueño y proyecto debió ser, sin duda, fuente de grandes alegría, sobre todo cuando se acercara el tiempo de ponerlo por obra. Pero no sabemos a ciencia cierta todo lo que de dificultad o de inseguridad o de vacilación pudo suponer en su larga travesía. Ese caminar en la certeza de lo válido, de lo auténtico, de lo que verdaderamente cuenta, que es realmente lo que mueve la acción de Dios, es una buena lección que nos da Beatriz para que pongamos la atención y la mirada en lo que es sustancialmente importante.
Somos más proclives a celebrar el despunte, el brillo y los oropeles que a valorar aquello que es simple, anónimo y silencioso, sin caer en la cuenta que a veces Dios elige lo secreto y lo oscuro para que crezca la semilla. En Beatriz es más admirable lo secreto, lo oculto y lo silencioso que lo público y manifiesto. Pero vista su fe y confianza, no cabe duda que fue suficiente salvoconducto (o fundamento) para que la casa, aún a pesar de los vientos y las lluvias, no se cayera.

En la actualidad es bastante frecuente caer en lo superficial y en la dispersión. Se oye a menudo que no hay suficiente tranquilidad o sosiego en la vida de las comunidades: muchas consultas médicas, ingresos hospitalarios, asuntos administrativos, obras y albañiles, el trabajo y sus agobios, las exigencias de las jóvenes donde las hay, etc., etc.

En medio de estos afanes, los cuales evangélicamente son sólo útiles o válidos los de cada día, invitan y exigen a poner bien fija la mirada en lo más importante. No vale escudarse en describir la precariedad del momento. La realidad es la que nos viene dada o la que nosotros provocamos con nuestras actitudes y comportamientos. Pero el gran reto es que no seamos impedimento para que el Reino crezca y avance en medio del vivir de cada día y de la realidad tal como es.

Precisamente celebrar a Beatriz y su santidad es percibir que ella se centró en lo importante, abandonando lo secundario o superficial. Si no hubiese sido así, el proyecto inicial no hubiese seguido adelante. Por eso, la Inter Universa no presenta ausencias o lagunas jurídicas, lo que nos enseña es la urgencia de Beatriz por consolidar su proyecto inmaculista desde lo consistente, posponiendo aquello que puede ser tratado en segundo plano o dejarlo en manos de otros. Y la misma percepción podemos tener al acercarnos a la Regla aunque fuera redactada veintidós años después.

La Regla contiene la Forma de vida de las monjas de la Concepción. Absorbe los núcleos esenciales que Beatriz dibujó en los orígenes. Acoge con benignidad esos 22 años de intervalo con sus claroscuros. Y proclama en doce capítulos un diseño de vida que fue válido para aquella generación y que la Iglesia consideró idóneo para ser camino de santidad de las inspiradas y llamadas por Dios a este género de vida.

Celebrar V siglos de un texto que ha sido inspiración de vida de tantas hermanas, distintas en su origen, cultura y condición, es celebrar la acción del Espíritu que propuso en el corazón de Beatriz este modo de vida, es celebrar la fidelidad de tantas hermanas conocidas y anónimas que han seguido la horma de este divino camino y es celebrar que actualmente vivir conforme a Jesucristo el Redentor a honra de su Madre constituye un desafío para las hermanas que en la actualidad prosiguen los pasos de Beatriz según el género de vida que se describe en la Regla.

Por todo ello la celebración del V Centenario de la Regla es motivo más que suficiente para agradecer al Señor la santidad de vida que ha proporcionado este venerable texto a la Orden y a la Iglesia. Es motivo además de celebración porque sigue siendo un texto para el futuro, el cual se presenta a las nuevas generaciones para que emprendan con generosidad la oblación personal a Jesucristo el Redentor y a su Madre, y también porque en la Iglesia esta carta magna de la Orden de la Concepción ha sido fruto bendito de la Virgen sin mancilla a la que Beatriz elevó un trono en cada monasterio y en cada hermana con el vestido exterior y las actitudes interiores según el modelo mariano.

Pido para que cada hermana se prepare adecuadamente según el espíritu de Santa Beatriz a celebrar con alegría y gratitud el V Centenario de la Regla. Invito a que se acojan con ilusión todos los textos y materiales litúrgicos o formativos que han aparecido y que puedan aparecer durante el Centenario. Y pido especialmente a santa Beatriz para que hoy y mañana su Forma de vida siga siendo luz en el camino para vosotras y para las hermanas venideras.

Deseo que paséis un día de verdadero gozo en el Señor, renovéis vuestro compromiso de vida según las inspiraciones de santa Beatriz y de la Regla, y que viváis poniendo todo vuestro empeño de vida en lo que es importante.

Que el Señor os bendiga y os guarde a todas.

Fr. Joaquín Domínguez Serna, OFM
Asistente "Pro Moniabulus"

sexta-feira, 20 de agosto de 2010

El Ministro general
en la Fiesta de Santa Beatriz de Silva

Vuestra vocación y misión:
Ser contemplativas

Sois una Orden contemplativa. Vuestras Constituciones Generales lo expresan claramente al afirmar que vuestra vocación es la vida contemplativa (CCGG 69, 1). Todo en vuestra vida – los votos, la soledad y el silencio, la clausura, la vida litúrgica y la oración, la vida fraterna y la ascesis personal, y la misma formación inicial y permanente-, han de estar finalizadas a progresar cada vez más en la vida de contemplación (cf. CCGG 41, 2; 55, 1; 58, 1; 69, 1; 77, 1; 126, 1). Como concepcionistas (...), seducidas por el amor eterno de Dios, estáis llamadas a vivir el misterio de Cristo desde la fe, la oración constante, la disponibilidad y el ocultamiento (cf. CCGG 4). Esta vida contemplativa ha de llevaros a uniros intensamente a la pasión de Cristo y a participar, de un modo particular, en su misterio pascual (CCGG 58, 1), de tal modo que os transforméis todas enteras en Aquel que todo entero se entregó por nosotros. En eso consiste precisamente la contemplación, en identificarnos con Cristo, hasta el grado de ser iconos vivientes de Cristo. La gran tradición contemplativa de la Iglesia nos muestra como la contemplación es un verdadero y propio diálogo de amor, hasta hacer que la persona sea poseída totalmente por el divino Amado. Será entonces cuando se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: “El que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él” (Jn 14, 21). En este sentido, la contemplación no es, como muchos/as piensan, algo especial, algo excepcional en la experiencia cristiana, reservado sólo a los místicos, sino una realidad a la que somos llamados todos los bautizados, pero de un modo especial todos aquellos que nos hemos consagrado a Cristo. Por otra parte, contemplativo no es aquel o aquella que huye de la historia, sino un creyente que intenta discernir en la historia y en los hombres, en los acontecimientos y en la propia persona, la presencia del Señor. Contemplativo es aquel cuya mirada – la mirada del corazón, sobre todo -, está fija en el Señor, y desde esa postura existencial sabe discernir lo que viene del Señor y lo que le es contrario (cf. VC 73). Esta mirada fija en el Señor permitirá al contemplativo poder leer la historia con los ojos de Dios y con el espíritu embebido del Evangelio, convirtiéndose, de este modo, en el verdadero experto en el discernimiento. Pero hay otro aspecto importante de la contemplación cristiana. Ésta está finalizada a la caridad, a la makrothymía, a la compasión, a la dilatación del corazón. Un verdadero contemplativo nunca será una persona cerrada sobre sí misma, sino que participará de la pasión del mundo, particularmente de la pasión de los pobres. La compasión, la simpatía y la empatía por la humanidad serán las medidas de la verdadera contemplación. La contemplación nunca apartará del compromiso con la historia. El contemplativo, abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos y colabora activamente en la construcción de la historia según el designio de Dios, y teniendo la mirada fija en el rostro de Dios (cf. Novo Milennio ineunte, 16), no la apartará de los otros rostros de Cristo, particularmente en aquellas situaciones de dolor personales, comunitarias, y sociales donde puede resonar el grito de Jesús en la cruz: “¿Por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34). Pero la contemplación no es sólo vuestra vocación, sino que es también vuestra misión. En cuanto Concepcionistas, haciéndoos esclavas del Señor, como María, proclamáis, en actitud contemplativa, la soberanía absoluta de Dios. Este es vuestro principal apostolado, esta es vuestra misión (cf. CCGG 15). La Iglesia os necesita en cuanto contemplativas. También nosotros vuestros hermanos. Y os necesita también nuestra sociedad. Ésta, particularmente en occidente, vive una profunda crisis de valores que lleva a muchos de nuestros contemporáneos a vivir ut si Deus non daretur. La antropología reinante es una antropología inmanentista, y el modelo social imperante es el de un desarrollo ilimitado (capitalismo técnico-nihilista), que no permite abrirse a una auténtica y definitiva trascendencia. En este contexto vuestra vocación de contemplativas se transforma en una misión de la que tiene urgencia nuestra sociedad. No nos privéis de vuestro testimonio de la trascendencia. Os lo repito, mis queridas hermanas: Os necesitamos como contemplativas. En vuestro corazón han de resonar fuertemente y de modo particular estas palabras dirigidas por Juan Pablo II a todos los religiosos: “Vuestro primer cuidado no puede estar más que en la línea de la contemplación. Toda realidad de vida consagrada nace cada día y se regenera en la incesante contemplación del rostro de Cristo” (Homilía, 02/02/2001). Como os recuerdan vuestras Constituciones, sed fieles a vuestra vocación/misión contemplativa, “procurando tener sobre todas las cosas el Espíritu del Señor y su santa operación, con pureza de corazón y oración devota. A fin de alcanzar la unión con Dios y permanecer en diálogo constante con él”, procurad “vacar sólo a Dios en soledad, silencio, en asidua oración y generosa penitencia” (CCGG 69, 1).
La Palabra, manantial de la contemplación
La contemplación es el lugar de acogida de la Palabra de Dios y, a la vez, de la escucha atenta de la Palabra nace la contemplación cristiana. Ésta se fundamenta en el primado de la Palabra de Dios en la vida del creyente, y en la fe que la Escritura Santa es la mediación privilegiada de esa Palabra y de la presencia de Cristo. Los cristianos estamos llamados a ver a través de los oídos, es decir: llegar a la contemplación a través de la escucha. Es verdad que la contemplación es la unión con Dios, por la búsqueda de comunión con él, pero no podemos olvidar que es Dios el primero que ardientemente busca el encuentro con el hombre; es él el primero en salir de sí mismo para unirse íntimamente con el hombre. De este modo, y parafraseando unas palabras de Pascal bien podríamos poner en boca del Señor estas palabras: “Tú no me buscarías si yo no te hubiese encontrado”. La vida contemplativa es don que Dios hace al hombre. A éste le corresponde acoger ese don, dejarse encontrar por Aquel que desde siempre le busca: “Adán, ¿dónde estás?” (Gn 3, 9) Esto nos hace entender que la contemplación cristiana se desarrolla en un espacio relacional en el cual la iniciativa parte de Dios, que nos ha amado primero (cf. 1Jn 4, 19), y nos ha hablado primero hasta manifestarse definitivamente en el Hijo, Palabra hecha carne (cf. Jn 1, 14). Es la Palabra que encuentra en la Escritura un instrumento privilegiado de mediación, en la comunidad cristiana el lugar de su transmisión y el ámbito en que es vivida y declinada como caridad, en la cruz el éxito al que conduce a quien la acoge radicalmente, y en la compañía de los hombres el espacio en el que es testimoniada con fuerza y con dulzura. Es la Palabra el manantial del que brota la contemplación cristiana. Acoger y vivir la Palabra es el secreto de toda alma contemplativa. Mis queridas hermanas: si la Palabra de Dios es el alimento para la vida y el camino diario, lo es también para la contemplación. Os invito a mantener un contacto vivo e inmediato con la Palabra de Dios para que se impriman en vosotras los rasgos del Verbo Encarnado (cf. Juan Pablo II, Homilía, 02/02/2001). Os invito a alimentar vuestra vida contemplativa de la Palabra de Dios (cf. CCGG 40) y, como María, que guardaba fielmente en su corazón el misterio de su Hijo, dedicaros todos los días a la lectura y medición del santo Evangelio y de las Sagradas Escrituras (cf. CCGG 77, 1). En este contexto os invito a hacer de la lectura orante de la Palabra en fraternidad un ejercicio frecuente. De este modo, acogiendo la Palabra, meditándola, y viviéndola juntas, crecerá en vosotras la espiritualidad de comunión, y seréis transformadas en mujeres nuevas, libres, evangélicas, como lo fue Beatriz, reavivando, al mismo tiempo, el impulso de vuestros orígenes.
La Eucaristía, lugar privilegiado para la contemplación
Siendo la Eucaristía lugar privilegiado para el encuentro con el Señor, lo es también para la contemplación del rostro del Señor. Todos, pero especialmente vosotras hermanas contemplativas, sois llamadas a contemplar al Señor de modo especial en la Eucaristía, celebrada y adorada cada día. La Eucaristía, corazón de la vida de la Iglesia, es también el corazón de toda comunidad contemplativa. En la Eucaristía se puede llevar a cabo en plenitud la intimidad con Cristo, la identificación con Él, la total conformación a Él, a la cual vosotras, hermanas contemplativas, estáis llamadas por especial vocación. Haced de la Eucaristía, mis queridas hermanas, el lugar privilegiado de vuestra contemplación. No os acostumbréis a la celebración de la Eucaristía. Sea ésta siempre “nueva” en vuestras vidas y “nueva” será vuestra vida, y radiante vuestra contemplación.
María, zarza ardiente
En el libro del Éxodo 3, 1-15 encontramos la perícopa de la zarza que “estaba ardiendo y no se consumía” (Ex 3, 2). Este versículo ha sido interpretado por los Santos Padres como imagen de María, Virgen y Madre, a quien vosotras queréis servir, contemplar y celebrar en su Concepción Inmaculada (cf. CCGG 9, 1). Según dicha interpretación patrística, María no es el fuego, no es la fuente de calor, pero ilumina, dejándose iluminar; es cálida, porque en sus entrañas lleva al que es la Luz. El fuego en las teofanías es el símbolo de la cercanía y, al mismo tiempo, de la trascendencia divina. La llama está fuera de nosotros y, como la luz, no puede ser aferrada; es algo que nos trasciende, y, sin embargo, nos traspasa con su calor y con su esplendor; nos envuelve y nos penetra con su presencia. “En María, el Espíritu Santo manifiesta al Hijo del Padre hecho Hijo de la Virgen. Ella es la zarza ardiente de la teofanía definitiva: llena del Espíritu Santo, presenta al Verbo en la humildad de su carne dándolo a conocer a los pobres (Lc 2, 15-19) y a la primicias de las naciones” (CEC 724). Como recordaba Juan Pablo II, “la contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable […] nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo” (Carta sobre el Rosario, 10). Como Concepcionistas estáis llamadas a contemplar a Jesús con los ojos de María, la “zarza ardiendo”. Como la contemplación de María, también la vuestra sea una mirada interrogadora (cf. Lc 2, 48): penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, como en Caná (cf. Jn 2, 5); dolorosa como en el calvario (cf. Jn 19, 26-27); radiante por la alegría de la resurrección, y ardorosa, por la efusión del Espíritu, el día de Pentecostés (cf. Hch 1, 14). María, en el misterio de su Concepción Inmaculada os abre a un conocimiento profundo del misterio de su Hijo. Seguid con María los pasos de Jesús (cf. CCGG 69, 1). Al igual que María sed también vosotras zarzas ardientes, dejándoos habitar por él, para ser epifanía del Señor en un mundo tan necesitado del Señor, como lo está de pan.
Conclusión
Queridas hermanas: sean estas breves y sencillas reflexiones ocasión para que profundicéis en lo que es esencial a vuestro carisma: la vida contemplativa. Sirvan de pretexto para seguir profundizando en esta dimensión esencial para vosotras. No ceséis de mirar el rostro de Cristo, para poder luego contemplarlo en los demás, llevándoles a Cristo vuestro Esposo en vuestras palabras y en vuestras acciones. ¡Contemplad su rostro y quedaréis radiantes! ¡Contemplad su rostro y seréis, como María, mujeres contemplativas!
¡Feliz fiesta de Santa Beatriz de Silva!
Roma, 13 de junio,
fiesta de san Antonio de Padua, del 2010
Vuestro hermano y siervo
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Prot. 1234567

sábado, 19 de dezembro de 2009

O Verbo de Deus se fez Carne
Evangelho do Pai chamado a ser restituído
Caros Irmãos,
o Senhor vos dê paz!

VIII centenário da fundação da Ordem

Está para terminar o ano jubilar no qual celebramos
os 800 anos da fundação da nossa Ordem, com a aprovação, por parte do senhor Papa, da forma vitae evangélica que o Altíssimo revelou a Francisco, e que o Poverello tinha feito escrever com poucas e simples palavras (cf. Test 14,15). Ao concluir as celebrações, queremos, mais uma vez, louvar e bendizer o Altíssimo, Omnipotente e bom Senhor, pelo dom de Francisco à Igreja e ao mundo, e pelo dom de tantos irmãos e irmãs que durante este tempo, seguindo a inspiração do Senhor (cf. RnB 2,1), tem vivido em fidelidade criativa e alegre a forma de vida que nosso seráfico Pai nos transmitiu. Entre todos eles emerge a figura de Clara, a Plantinha de Francisco.
As celebrações do oitavo centenário da fundação da Ordem dos Frades Menores iniciaram com um insistente convite à refundação, ou seja, um apelo a voltar ao essencial, aos fundamentos do nosso carisma; a retornar às raízes da nossa espiritualidade; e, ao mesmo tempo, a reconhecer, ler e interpretar, à luz do Evangelho, os sinais dos tempos: “lampejos de luz presentes na noite obscura dos povos, faróis geradores de esperança” (O Senhor te dê a paz = Sdp 6), “apelos que o Espírito nos lança e que pedem resposta” (Portadores do dom do Evangelho = PdE 14).
Então ressoou forte em nossos corações o premente apelo a “nascer de novo" (Jo 3,3), a não domesticar as palavras proféticas do Evangelho para adaptá-las a um estilo de vida cómodo (Sdp 2), porque só assim poderemos nutrir a partir de dentro, com a força libertadora do Evangelho, o nosso mundo fragmentado, desigual e faminto de sentido, assim como fizeram no seu tempo Francisco e Clara de Assis (Sdp 2), sendo nós mesmos sinais legíveis de vida para um mundo sedento de céus novos e terra nova (Sdp 7). Este mesmo chamado à conversão continua a nos acompanhar hoje no nosso caminho, como exigência para dar à luz uma nova época, e forjar uma nova visão da vida, cimentada sobre a justiça, o amor e a paz (cf. Sdp 2).
E voltando ao essencial, às nossas raízes e fundamentos, nos encontramos com o Evangelho. Não podia ser diversamente, visto que a nossa Fraternidade é enraizada, tem sua origem na escuta do Evangelho e, portanto, em Cristo que nos fala através dele (cf. PdE 6). Fazendo grata memória do nosso passado tomamos maior consciência do fato que, para degustar a graça das origens, viver o presente com paixão e abraçar o futuro com esperança (cf. Novo Millennio Ineunte, 1), objectivos últimos das celebrações jubilares, era necessário tornar ao Evangelho, colocar Cristo no centro das nossas vidas. Somente assim a nossa vida poderá recuperar a beleza, a poesia e o entusiasmo das origens.
Intuímos também o caminho que, além de reconduzir-nos ao essencial da nossa experiência de fé e da nossa espiritualidade, nos levasse a responder às exigências mais profundas da nossa sociedade. Indicamos este caminho com três palavras: centrar-se, concentrar-se e descentrar-se. Centrar-se n'Aquele que para nós deve ser tudo: o bem, todo o bem, o sumo bem, como o foi para Francisco (cf. LD 4). Daí que ter o coração constantemente voltado para o Senhor (cf. RnB 22,19), se apresentava e continua a apresentar-se a nós como a prioridade das prioridades. Livrar-nos de todo o tipo de impedimento e deixar de lado toda a preocupação, para poder servir, amar e honrar o Senhor Deus, com coração e mente puros (cf. RnB 22,26), nos parecia e nos parece ser o grande desafio neste momento em que o activismo, também apostólico, se apresenta como uma fuga que busca, inutilmente, preencher o vazio de Deus na própria existência. Concentrar-se nos elementos essenciais do nosso carisma, com a finalidade de evitar a fragmentação e a dispersão, que tantas vezes nos atinge. E estes elementos essenciais os individuamos nas assim chamadas Prioridades que nos acompanham desde o Capítulo de 1997 como chave de leitura para viver a nossa identidade e parar compreender as esperanças do mundo (Sdp 4), e que, por vontade do Capítulo de Pentecostes de 2009, continuarão a acompanhar-nos neste sexénio (cf. Decisões 1). Estas Prioridades – espírito de oração, vida fraterna em comunidade, minoridade, pobreza e solidariedade, evangelização e formação -, não são valores opcionais, mas valores que nos identificam como Frades Menores, pilares da nossa fidelidade ao Evangelho, consequência de uma vida radicalmente evangélica, assim como a viveu Francisco e a propôs a nós no seu propósito de vida. Descentrar-se para ir ao mundo, nosso claustro, e ali, inter-gentes, proclamar que somente Ele é omnipotente (cf. Ord, 9). Hoje, mais do que nunca, somos conscientes de que não fomos chamados para nós mesmos, mas para os outros, e que as nossas Fraternidades não são para si mesmas, mas para fazer conhecer o Reino de Deus. Somos e queremos continuar a ser os frades do povo e por isso devemos sair pelas estradas do mundo como portadores do dom do Evangelho.
Diante do futuro

Tendo assumido a nossa total pertença ao
Senhor - centrar-se -, e a nossa identidade de Frades Menores – concentrar-se -, é agora o momento de ir por todo o mundo – descentrar-se -, sempre inter gentes, porém também ad gentes, para levar, com a nossa vida e a nossa palavra, a Boa Notícia a todos os homens e mulheres de boa vontade.
O Capítulo geral de 2009, no seu documento final Portadores do dom do Evangelho, nos pensa e define precisamente assim: “caminhando pelas estradas do mundo como irmãos menores evangelizadores, com o coração voltado ao Senhor” (PdE 10). Eis aqui o nosso programa para um presente cheio de paixão pelo Reino e para um futuro com esperança: reviver o carisma, dinamizando a missão. Eis o nosso compromisso para estes próximos anos: reavivar em nós o ardor missionário e evangelizador, para restituir o dom do Evangelho, dentro dos limites geográficos dos nossos povos, mas, se agradar a Deus, até os confins da terra.
Sim, conscientes de que o “Evangelho é um
dom destinado a ser partilhado”, somos chamados a ir pelas estradas do mundo, atravessando as fronteiras, os limites geográficos e culturais, “para fazer uma oferta de fé mediante um testemunho compartilhado” (PdE 11) com todos os outros agentes da evangelização: sacerdotes, religiosos/as e leigos/as. Partimos sempre da “centralidade devida ao Deus trino, como princípio integrador da nossa vida, das nossas fraternidades e dos nossos irmãos”, porque somente desde esse pressuposto de fé, poderemos entender que a missão evangelizadora é essencialmente intrínseca à nossa vocação franciscana (cf PdE 12). Nenhuma barreira pode deter aquele que foi tocado pelo dinamismo do Evangelho.
Esse contínuo esforço para atravessar fronteiras
nos permitirá habitar as fissuras de um mundo fragmentado, caracterizado muitas vezes pelas “discriminações, pelas exclusões e, em casos extremos, pela violência física, psíquica e ideológica” (PdE 22). A encarnação, especialmente entre as pessoas menos afortunadas. A partir da nossa identidade franciscana, reconhecemos a urgência de “deixar-nos seduzir pelos claustros esquecidos e desumanos, onde a beleza e a dignidade da pessoa são continuamente ofuscadas” (Sdp 37), a necessidade de descobrir com maior decisão “lugares de fronteira e marginalidade” (O Senhor fala-nos no caminho=Sfc 33), e nesses, segundo a lógica do dom e do serviço gratuito, com criatividade e fantasia, restituir o dom do Evangelho aos pobres, nossos mestres (cf. João Paulo II Mensagem 8/2/2004). Com esses princípios, e tendo presente os desafios que encontramos pela frente, é que somos chamados a encaminhar uma séria revisão da nossa missão evangelizadora, e ensaiar, com lucidez e audácia, caminhos inéditos de presença e testemunho (cf. Sfc 33.35).
Devemos reconhecer que o ardor missionário diminuiu entre nós nesses últimos anos. Igualmente é notável o fato de que em alguns frades e Entidades o imobilismo ameaça paralisar o dinamismo evangelizador. Em tudo isso não é secundário o peso de certas estruturas que nos impedem de sentir-nos livres no momento de partir para outras terras, ou no momento de iniciar novas presenças evangelizadoras mais em sintonia com as exigências de hoje. Com razão o Capítulo de 2009 nos convidava a descentrar-nos de nós mesmos, segundo o exemplo de Jesus Cristo (cf. Fl 2,6-7), para sermos menos auto-referenciais, para preocupar-nos menos com a nossa própria sobrevivência, para superar a mentalidade provincialista e para crescer no senso de pertença à Ordem (cf. PdE 14.31). Estou sempre mais convicto sobre a necessidade do redimensionamento das presenças se queremos que as nossas Fraternidades sejam verdadeiramente Fraternidades-sinal, Fraternidades proféticas, e se queremos responder à nossa vocação missionária ad gentes, assim como a uma formação adequada, inicial e permanente, em perspectiva de missão evangelizadora. Torna-se, portanto, sempre mais necessária a docilidade ao Espírito, que sopra onde e quando quer, e nos impulsiona à missão, a sair ao encontro do outro para comunicar-lhe a Boa Nova. É urgente uma leitura atenta dos sinais dos tempos e dos lugares e deixar-nos interpelar por eles para encarnar-nos de fato e eficazmente na realidade sócio-cultural dos nossos povos e da nossa sociedade. Acima de tudo torna-se necessário cultivar uma fé e uma espiritualidade trinitárias.
Neste contexto devemos ser auto-críticos
e perguntar-nos, como nos pede o Capítulo de 2009, “se o imobilismo e a instalação que ameaçam paralisar o uma crise de fé que atinge alguns de nós” (PdE 12). Só o Deus uno e trino nos conduz para fora de nós mesmos em direcção ao encontro com o outro, com o diverso de nós (cf. Sfc 22). Não nos falta, por acaso, uma autêntica experiência de Deus? Somente “uma autêntica experiência de Deus, de facto, nos põe em movimento, porque não é possível sentir o abraço infinito de um Deus loucamente enamorado, porque é amor e só amor, sem sentir ao mesmo tempo a necessidade urgente de partilhar esta experiência com os outros” (PdE 11). Não será que estamos demais centrados sobre nós mesmos e não nos deixamos interpelar pelos fenómenos como a inter-culturalidade, a reivindicação e a defesa dos direitos humanos, a crise económica, o desastre ambiental, e a pobreza espiritual e material que nos circunda? (cf PdE 14) Não será que estamos de costas para o devir do mundo, quando a nossa missão é exactamente a de acompanhar o nosso mundo, não como quem tem respostas para tudo, mas como mendicantes de sentido junto com os nossos contemporâneos? (cf. PdE 29, Sfc 6)
É Natal
Caros irmãos: é Natal. Fomos agraciados com um dom, o dom por excelência que provém do amor do Pai pela humanidade: “seu Filho bendito e glorioso que nos foi dado e que por nós nasceu” (2Fi 11). Esta é a Boa Nova que recebemos como dom e da qual não somos proprietários e, portanto, devemos restituir: “o Evangelho de Jesus Cristo, Filho de Deus” (2Cel 15). O pai e irmão Francisco viu o Natal como um dom a ser restituído.
Levantai-vos, caminhai!
Sinto, caros irmãos, que o Senhor nos diz, ou mais ainda, nos grita: Levantai-vos, ponde-vos em caminho! Curai as feridas do vosso mundo, acompanhando, nos lugares de fractura, os vossos irmãos e irmãs em um projecto comum de paz e justiça, enraizado no Evangelho; e, segundo o exemplo do Filho de Deus, despojai-vos, assumi a condição dos homens e das mulheres do vosso tempo (cf. Fl 2,6-7), e, como o Apóstolo Paulo, fazei-vos tudo para todos, fazei tudo pelo Evangelho (cf. 1Cor 9,22-23).
Levantai-vos, caminhai! Cuidai da qualidade evangélica da vossa vida fraterna, na qual a vida de oração seja vivida como clara prioridade, se torne possível expressar e celebrar a alegria da vossa vocação e da vossa experiência de fé, haja um acompanhamento materno de uns com os outros, e onde os irmãos mantenham uma permanente atitude de discernimento.
Levantai-vos, caminhai!
Acolhei o Evangelho
na vossa vida, deixai-vos habitar por ele, e será o próprio Evangelho a mudar as vossas vidas, como mudou aquela de Francisco, transformando-vos em evangelho vivo (cf. PdE 5). Nutri-vos quotidianamente do Evangelho, para que a sede saciada se transforme em mensagem, como no caso da Samaritana (cf. Spc 17). Ide pelo mundo, em Fraternidade e a partir da Fraternidade, sempre em comunhão com a Igreja, e anunciai a todos que Jesus, Evangelho do Pai para a humanidade, manifestação do Deus amor, é nosso irmão, o Salvador da humanidade.
Levantai-vos, caminhai!
FELIZ NATAL A TODOS!
Roma, 8 de Dezembro de 2009,
Solenidade da Imaculada Conceição,

Rainha e Mãe da OFM
Prot. 100409
fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro Geral

terça-feira, 18 de agosto de 2009

Beatriz 2009
A LA ATENCIÓN
DE LAS HERMANAS

DE LA FEDERACIÓN BÉTICA

SANTA MARÍA DE GUADALUPE

DE LA ORDEN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Mis muy queridas hermanas: Paz y Bien en el Señor y en su Madre Inmaculada.
Al llegar el mes de agosto evocamos entrañablemente y con gratitud la figura de Santa Beatriz. El día que conmemoramos su partida de este mundo, celebramos su santidad y agradecemos los dones que por su persona ha concedido a su venerable Orden y también a toda la Iglesia. Cada 17 de agosto supone también la oportunidad de renovar cada vocación en aquella inspiración que el Espíritu suscitó en ella. Esa inspiración se ha hecho también punto de encuentro, de comunión, de unidad vocacional para todas las hermanas. Deseo, pues, que el día de Santa Beatriz os proporcione suficiente ilusión y valentía para proseguir el camino del Señor y los ejemplos de su Santísima Madre.
En este día vocacional y apenas terminado el Capítulo general de los Hermanos Menores en Asís, quisiera transcribir el mensaje y las palabras de nuestro Ministro con relación a las hermanas concepcionistas y a vuestra Orden:
La relación con la Orden de Concepcionistas Franciscanas (número 144 del Informe al Capítulo): Quiso la Providencia que la Orden de la Inmaculada Concepción de Santa Beatriz de Silva (= OIC) o Concepcionistas Franciscanas de vida contemplativa, hiciese, desde sus orígenes, un camino de comunión fraterna con nuestra Orden. Un camino hecho de respeto en la diversidad (no son de la Segunda Orden), y de profunda unidad en María Inmaculada, como lo reconocen sus Constituciones.
Con ellas, al igual que con las clarisas, he intentado favorecer una verdadera relación fraterna. Para ello me serví de una carta que les dirigí cada año por la fiesta de Santa Beatriz de Silva, y de encuentros fraternos con las Federaciones durante las visitas a nuestras a Entidades. También en ellas he encontrado un gran apoyo espiritual en mi ministerio a favor de los Hermanos, y también he podido comprobar en repetidas ocasiones el gran amor que nos tienen, y lo mucho que han sufrido por mantenerse unidas a nuestra Orden.
También aquí, además de los distintos servicios que a favor de ellas realiza la Oficina Pro Monialibus, la actividad más importante realizada con ellas en este sexenio ha sido el Iº Congreso Internacional de Presidentas de la OIC, querido por nuestro Definitorio general, convocado por el Ministro general, y organizado por una comisión conjunta de Hermanos y Hermanas...
Y más adelante, refiriéndose a la colaboración con las Concepcionistas franciscanas, el Ministro prosiguió: El camino de comunión que ha sido fortalecido en estos últimos años ha de ser continuado tanto desde la Curia general como, especialmente, desde las distintas Entidades. Cuanto más fuerte sea esa comunión, mayor será la riqueza espiritual para las Hermanas y para nosotros mismos. Una ocasión propicia de colaboración puede ser el V Centenario de la fundación de la Orden de la Inmaculada Concepción de Santa Beatriz de Silva que tendrá lugar en el 2011 (n. 147).
Concluyó este apartado con una invitación general a todos los hermanos y hermanas de la Orden y de la Familia, a ser santos.
"Seréis santos, porque yo soy santo" (Lev 11, 44)
A ello hemos sido llamados. Es bueno y necesario recordar siempre que ésta es nuestra vocación y nuestra misión: convertirnos en "ejemplo y espejo para los que viven en el mundo" (TestCla 20). Cada hermano ha de mantener viva la convicción de que la santidad es la medida de nuestra vida y el resultado más elocuente de todas nuestras actividades de formación permanente y de la actividad pastoral. Llamados, como nos recordó el Capítulo general 2003, a "nacer de nuevo" (Jn 3, 3) y a asumir la radicalidad del Evangelio como elemento cualificante de nuestra vida, hemos de dejarnos fascinar por la belleza de Dios y de su perfecta verdad, de tal modo que nos transformemos progresivamente, y estemos dispuesto a renunciar a todo, también a nosotros mismos. Sólo así nunca apagaremos la sed de ser santos (n. 154).
Me parece oportuno este mensaje del Ministro general tanto en cuanto estamos en medio de las celebraciones de VIII Centenario de nuestra Orden y en los preparativos del V Centenario de la Bula Ad Statum Prosperum a celebrar en el año 2011.
Estas fechas deben ayudarnos a profundizar más y celebrar mejor nuestra propia vocación. La identidad y la vivencia de la vocación concepcionista os impulsará a presentar con nuevo vigor este divino camino y hará que fructifique en bien de la Iglesia.
La vocación concepcionista tiene su fundamento en aquella forma de vida que el Espíritu Santo inspiró a Santa Beatriz de Silva, en su testimonio personal de vida y santidad, y en la acción de la Iglesia que ha confirmado esta forma de vida desde sus orígenes hasta nuestros días. Las hermanas hoy, inspiradas y llamadas por Dios, abrazan cada día esta forma de vida como oblación personal a Jesucristo, nuestro Redentor, y a su Madre, entregándose, en cuerpo y alma, como hostia viva (cf. R 1 2; CC.GG 3; 5).
Además, servir a Jesucristo, nuestro Redentor, consiste en hacerse un solo espíritu con Cristo Esposo, mediante el amor (cf. R 30). Las hermanas consagran totalmente su vida a Dios y se desposan con Jesucristo, a honra de la Concepción Inmaculada de su Madre, en la profesión de los consejos evangélicos, en la comunión fraterna y en perpetua clausura (cf. CC.GG 2).
Este servicio a Jesucristo, nuestro Redentor, consiste también en seguir sus huellas con más libertad e imitarlo más de cerca, viviendo la consagración radical con que María fue consagrada por Dios en el misterio de su Concepción Inmaculada (cf. CC.GG 25). Por eso, cada hermana, por su profesión, se consagra íntimamente al servicio de Dios por el ministerio de la Iglesia, viviendo solo para Dios y dando testimonio del género de vida que Cristo propuso a sus discípulos (cf. CC.GG 26; 28).
En esta forma de vida, no se puede prescindir de una consagración a Cristo, junto a la cual existe también una peculiar forma de consagración a la Bienaventurada Virgen María, al misterio de la Inmaculada Concepción, la Madre de Dios (cf. CC.GG 24; 28), teniéndola como ejemplo de vida (cf. R 6; CC.GG 23), imitando su conducta y siguiendo la humildad y menosprecio que ella vivió en este mundo (cf. R 7). Las hermanas, del mismo modo que María se consagró totalmente como esclava del Señor (cf. CC.GG 24), se entregan al servicio de la persona y obra del Hijo y proclaman en actitud contemplativa la soberanía absoluta de Dios (cf. CC.GG 15), y viven su condición humana en el servicio al Reino (cf. R 2; CC.GG 3).
Deseando que aquella inspiración que alentó a Beatriz siga alentando todo vuestro vivir cotidiano, al mismo tiempo que os deseo una feliz jornada, os quiero agradecer cuantas muestras de cercanía, verdadera fraternidad y atenciones he recibido de parte de cada monasterio ante los fallecimientos de los hermanos de la Provincia Bética durante el mes de junio, y también todas vuestras oraciones y reconocimientos en el día de San Joaquín.
Que el Señor os bendiga a todas y que la estrella de Beatriz siga alumbrando todos vuestros senderos.
Fr. Joaquín Domínguez Serna, OFM
Asistente religioso de la Federación Bética Santa María de Guadalupe
de la Orden de la Inmaculada Concepción

S E V I L L A
Sevilla, 30 de julio de 2009

domingo, 16 de agosto de 2009

CARTA DEL MINISTRO GENERAL CON MOTIVO
DE LA FIESTA
DE SANTA BEATRIZ DE SILVA 2009
¡Ave María Purísima!
A todas mis hermanas de la muy querida Orden de la Inmaculada Concepción: Salud y santa paz en el Señor (2CtaCus 1).
Con espíritu de promover aún más el mutuo conocimiento y colaboración de vuestra querida Orden con la nuestra, y en continuidad a la tradición que comencé hace ahora seis años, quiero seguir saludándoos con afecto con motivo de la fiesta de Santa Beatriz de Silva, vuestra Fundadora y Madre. Es una oportunidad sin igual para seguir mostrándonos la vinculación y comunicación de bienes espirituales y fraterna colaboración de vuestra Orden y la nuestra, unidos como estamos por la historia y por la Concepción Inmaculada de María (cf. Regla 10).
En gratitud
En esta ocasión quiero comenzar dándoos las gracias, pues en incontables ocasiones y de muchas maneras os habéis hecho presente en la vida de la Orden de Frailes Menores, pero de modo particular en la mía, como Ministro de la Fraternidad de los Hermanos. Quiero agradeceros de modo especial, sirviéndome también de esta carta, tantas adhesiones como he tenido en mi reelección como siervo de la Fraternidad. Gracias, pues he sentido muy de cerca vuestra presencia y vuestra oración, tanto por mí como por todo el Capítulo General de la Orden, recientemente celebrado. Gracias por vuestras plegarias y felicitaciones. Confío que también, desde la gratuidad, continuaréis orando siempre y sin desfallecer (cf. Lc 18,1) tanto por el Definitorio general, como por mí y por toda la Orden de los Hermanos Menores, vuestros hermanos.
Hacia el 2011
Estamos a las puertas de la celebración del quinto centenario de la aprobación de vuestra Regla (1511 – 17 septiembre – 2011), en la que su Santidad Julio II confirmó vuestra forma de vida. En este período que precede a tal evento, no podemos dejar escapar dicha ocasión, pues la considero un kairòs que el Señor os ofrece para profundizar mucho más en el ideal carismático que hizo nacer a vuestra Orden, para honra de la Inmaculada Concepción (Regla 1b). Vuestra Orden es fruto de la gracia, de aquel mismo don de gracia que el Omnipotente y buen Señor (Cant. 1) derramó en la llena de gracia, María.
Inspiradas y llamadas por Dios
Habéis nacido, a impulsos del Espíritu santo, del tronco fecundo de santa Beatriz de Silva, para contemplar el Misterio de Dios en el misterio de la Concepción Inmaculada de María. Es aquí donde encontráis la razón de ser y la raíz de vuestra vocación. Una vocación de seguimiento al servicio del Señor y de su bienaventurada Madre Inmaculada, viviendo en común y en permanente contemplación (cf. CC.GG OIC 5). Por eso me gustaría aprovechar esta oportunidad para desgranar con vosotras algunos elementos de vuestra vocación inmaculista franciscana, teniendo como icono la anunciación de María (cf. Lc 1, 26-39), pues en ella encontraréis las fuentes de la gracia.
Agraciada… has hallado gracia delante de Dios y concebirás (Lc 1, 28-31).

En el anuncio del ángel, María es saludada como la llena de gracia. Un nombre nuevo para María, un nombre que designa una vocación y una misión. Ella es la agraciada, la que ha encontrado gracia y por ello concebirá. Dios es gracia y ha agraciado a María. Y la llama a una gran misión: ser madre del Hijo de Dios. Con la gracia ha sido habilitada para la gran vocación para la que siempre ha sido llamada. Su vocación es la maternidad inmaculada.
Contemplando a María Inmaculada, como Concepcionistas estáis llamadas a vivir vocacionalmente (cf. CC.GG OIC 9,2). Esto supone descubrir la vida como vocación, supone vincularse a Jesús a ejemplo de María su Madre, y seguirle, de modo que se desencadene un proceso para quedar configuradas por la persona de Jesús, por su palabra y por el proyecto concreto de seguimiento. En vistas del Centenario, sería muy bueno que cada una de vosotras, mis queridas hermanas, hiciera un recorrido por su historia personal de vocación, y la compartiera con las demás hermanas de la fraternidad. Ver cómo Jesús os llamó para seguirle, para pertenecer en exclusiva a él, para que él fuera el amor de vuestra vida (cf. CC.GG OIC 4). Ver los momentos de densidad de significación en el amor, no para idealizar el pasado, sino para desencadenar en vosotras nuevamente ese primer momento a partir del cual se inició vuestra historia de seguimiento.
Seguramente recorrer vuestra historia personal de vocación y ponerla en común para entrar en diálogo de fe con las hermanas, tendrá sus luces y sus sombras. Esto es normal, pues la vida tiene muchas idas y venidas. Pero es bueno hacernos algunas preguntas esenciales ¿Qué significa Jesús para mí ahora? ¿Dónde ha quedado el amor primero de mi vida? ¿Qué motivaciones tengo para seguir a Jesús como Concepcionista Franciscana? Fiat (Lc 1, 38).
Es la respuesta de fe y de acogida de María. No caben dudas, María no pide nada, pues se trata de una gran confianza y obediencia, un sí inmaculado y libre como nadie ha dado nunca jamás. De este fiat, dependen todos nuestros síes. Nuestras respuestas de fe son ecos del sí de la Inmaculada Madre de Dios. María, la Madre, aparece aquí como la discípula del Hijo, seguidora de Jesús. De esta forma mantuvo siempre una actitud de servicio, obediencia y disponibilidad ante el misterio de Cristo.
Si servir a Jesucristo es hacerse un solo espíritu con Cristo Esposo mediante el amor (Regla 30), como Concepcionistas estáis desposadas y comprometidas a seguir las huellas del amado Hijo con más libertad, para imitarlo más de cerca, viviendo en una consagración radical a imagen de María (cf. CC.GG OIC 25). Habéis dado un sí incondicional al Señor, para todo y para siempre, en toda ocasión y momento. Sin pedir nada al Señor, sólo desde la confianza del amor, os ponéis en actitud de servicio y disponibilidad a Dios y a las hermanas. Os habéis hecho discípulas de Cristo teniendo como modelo a la Madre Inmaculada. Es un sí personal que os vincula en fraternidad. Este sí se comprueba en el prójimo (cf. 1Jn 4, 20) y esto os coloca en la verdad más profunda de vuestra vida. Las hermanas os colocan en la humildad de los que se os da. La fraternidad, elemento esencial de vuestro carisma inmaculista franciscano, no es sólo una mediación para encontrar a Dios, sino que es lugar de encuentro con Dios en la hermana (cf. CC.GG OIC 95). Habéis sido llamadas a ser hermanas. ¿De quién habéis recibido el legado de santa Beatriz sino de vuestras hermanas? ¿Qué recibís de la fraternidad? ¿Cómo os vincula el sí dado a Dios en la profesión? ¿Qué modelo de fraternidad os propone la Regla y las Constituciones?
... se levantó María y se fue…(Lc 1, 39).
La vocación de María la hace servidora y peregrina. Ella se presenta como la portadora de la Buena Noticia, de su Presencia, comienza la peregrinación de la Palabra de Dios, que posteriormente se llevará a todos los pueblos. Es una escena misionera, pues la Madre parte con prontitud, con presteza, a proclamar la gloria de Dios y su misericordia.
Vuestra vocación os hace también tener una misión muy concreta en la Iglesia. Por estar consagradas plenamente a Dios, por la contemplación, os habéis consagrado también al servicio de los hombres (cf. CC. GG. OIC 116). Os hacéis súplica permanente por todos, presentando al señor sus gozos y esperanzas. De este modo trayendo la contemplación a la vida y la vida a la contemplación, hacéis de ésta vuestra misión apostólica en el pueblo de Dios (cf. CC. GG OIC 15). El seguimiento de Cristo, en vuestra vida contemplativa, está dirigido a despertar la vida interior de amor. Por eso la vuestra es una vocación de misión en camino, de hacer camino de fe y contemplación, de modo que sólo el amor puede justificar y dar sentido a vuestra forma de vida. ¿El amor se os ha hecho suficiencia? ¿Cómo se mantiene en vuestras comunidades el espíritu del Señor y su santa operación?
Manteniendo siempre viva la lámpara…
Cuando santa Beatriz voló al cielo, habiendo ya profesado la Regla de la Inmaculada Concepción, inaugurando con su muerte el nacimiento de la Orden, sus compañeras, doce en grupo, no dudaron dar continuidad al ideal de vida que el Espíritu encendió en la Fundadora. Ella supo mantener despierta la palabra más importante de su vida y su secreto espiritual: el nombre de María y precisamente de María Inmaculada (cf. Pablo VI, Homilía de la Canonización). Ella es la estrella que os ilumina y que os atrae. María Inmaculada sigue siendo una palabra para esta humanidad y fuerza viva en la historia de la salvación y en la vida de la Iglesia.
Hoy sois vosotras las continuadoras de Beatriz de Silva, de Felipa de Silva y sus compañeras. Hoy os toca a vosotras dar continuidad al don recibido para que, con creatividad, lucidez y visión de futuro, sepáis atraer a nuevas generaciones y desde una generosa consagración a Cristo, por la llamada, mantengáis viva la gracia de vuestros orígenes. No se puede apagar la lámpara del tabernáculo nunca más, como sucedió en el momento de la muerte de la Madre Beatriz. Así como sus compañeras la encendieron e hicieron florecer a la Orden, hoy sois vosotras, queridas hermanas, las que tenéis que recuperar el fuego del Espíritu que esconden las cenizas.
Desde el cielo brilla la Estrella de vuestra Orden, la Inmaculada Concepción. Pidámosle al Señor que a través de santa Beatriz os siga iluminando el modelo de María para caminar renovando el don de vuestra vocación.
¡María Inmaculada, ruega por nosotros!
Roma, 15 de julio de 2009,
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro general
Prot. N. 100112

segunda-feira, 8 de junho de 2009

Frei José Rodriguez Carballo ofm
re-eleito Ministro Geral dos Franciscanos
Frei José Rodriguez Carballo foi re-eleito Ministro Geral da Ordem dos Frades Menores (Franciscanos).
Reunidos no 187º Capítulo Geral, na Igreja de Santa Maria dos Anjos, em Assis, os 152 representantes da Ordem confirmaram Frei José Rodriguez Carballo como responsável máximo da Ordem dos Frades Menores, em todo o mundo, na manhã desta de quinta-feira, dia 4.
O rito de eleição foi presidido pelo Delegado do Papa Bento XVI, o Cardeal Português José Saraiva Martins, durante o qual entregou ao neo-eleito "o selo de toda a Ordem dos Frades Menores".
Frei José Rodriguez Carballo, que completa 56 anos no próximo mês de Agosto, foi eleito Ministro da Ordem, num primeiro mandato, em 2003.
Natural de Espanha, foi Ministro da Província Franciscana de Santiago de Compostela, Presidente da União dos Frades Menores da Europa e Mestre dos jovens em formação. No seu currículo destaca-se ainda a formação bíblica, com licenciatura em Teologia Bíblica em Jerusalém eem Sagrada Escritura em Roma, tendo ensinado no Seminário Maior da cidade de Vigo e na Faculdade de Teologia de Santiago de Compostela.
Frei José Rodriguez Carballo é o 119° sucessor de São Francisco de Assis. Coordenará, até 2015, o trabalho dos 15.000 religiosos da Ordem dos Frades Menores, que trabalham em 113 Países.

sexta-feira, 15 de maio de 2009

“A graça das origens”
VIII CENTENÁRIO DA FUNDAÇÃO DA ORDEM FRANCISCANA

No passado sábado 9 de Maio, a família franciscana em todos seus diversos ramos, de Extremadura, Andalucía e Canarias, bem como muitos amigos, como é o caso da Ordem da Imaculada Conceição - por isso fomos cinco monjas de Campo Maior -, celebraram na Catedral de Sevilha o VIII Centenário da fundação da Ordem Franciscana.
A Eucaristia, que se iniciou às 12h, foi presidida pelo franciscano e cardeal de Sevilha, Sua Eminência frei D. Carlos Amigo Vallejo ofm, com a participação de umas 2500 pessoas.
Posteriormente, no Santuário franciscano do Loreto, em Espartinas (Sevilha), teve lugar um ágape fraterno, seguido de um festival franciscano, em que duas das nossas irmãs (sor Inês da Cruz e a postulante Helena Cachaço) cantaram um fado. O dia foi concluído com um momento de oração sob a protecção e olhar da Virgem do Loreto, padroeira de Aljarafe.
Da nossa comunidade monástica, participaram nesta solene acção de graças pelos 800 anos do carisma Franciscano, sor Maria Manuel, sor Inês da Cruz, sor Maria Imaculada, sor Inês da Santíssima Trindade e a postulante Helena Cachaço.
Não podíamos deixar de fazer festa pela inspiração que o Espírito Santo depositou no coração de São Francisco de Assis, pois ao longo dos mais de 500 anos da nossa Ordem (Ordem da Imaculada Conceição), os seus filhos sempre nos acompanharam e ampararam com tanta ternura e dedicação. É grande a dívida de gratidão que temos para com a Ordem Franciscana, por isso não podíamos deixar de estar presentes e fazer festa com eles e por eles.